El Congreso Nacional está cerca de aprobar la Ley de Infanticidio, la cual da permiso a las madres a que maten a sus hijos durante un período posterior al parto, período ni siquiera definido en unidades de medida de tiempo sino en las vagas unidades biológicas del estado puerperal.
Así, lo que antes era un homicidio agravado por el vínculo y que implicaba grandes penas de cárcel, ahora se va a transformar en un “infanticidio” (como si matar a un hijo no fuera grave) con penas de entre cero y seis meses.
En relación al tiempo que dura el estado puerperal, llegado el caso, no faltará algún abogado picapleitos que, con ingeniosa habilidad dialéctica, intente demostrar que el homicidio de un niño de, por ejemplo, 8 años de edad fue perpetrado por su madre quien aún se encontraba en estado puerperal por vaya a saber qué subterfugios de la condición humana.
Así, cuando avancen también con la otra ley homicida que permitiría abortar, una mujer contará con autorización legal para matar a su hijo desde 9 meses antes de que éste nazca hasta no menos de 1 año posterior al nacimiento.
Dándole una visión más profunda al tema, lo que El Tábano quiere destacar, además de su enérgico repudio a este tipo de delitos legalizados disfrazados de progreso, es que lo que la sociedad parece discutir en la superficie cuando se tratan estos casos, con argumentaciones relacionadas a lo legal, lo médico y aún lo práctico, en realidad no es más que la pantalla utilizada para distraer y dar sustento originado en debates supuestamente serios y eruditos, y sobre todo para ocultar el fondo de la cuestión y objetivo último de los promotores de este tipo de legislación.
En este caso, el de la Ideología de la Muerte. Los mismos que instalaron la muerte, la extorsión y el homicidio como medio para hacerse del poder en la Argentina y que se ocultan tras la máscara de la defensa de los Derechos Humanos para poder violarlos con estas leyes sin que nadie los culpe ni sospeche de ellos (¿Qué hace un ladrón para ir a robar al Teatro Colón?, pues se viste de etiqueta para que todos piensen que es uno más de los amantes del ballet y así poder ejecutar su tarea sin sospechas de los demás), ahora pretenden instalar la muerte por los medios legales como un método más para que la sociedad vaya bajando la guardia de a poco, vaya perdiendo sus valores y por ende sus defensas ante los totalitarismos que se instalan sutilmente (al igual que la calvicie que nunca llega de la noche a la mañana sino que se logra luego de 20 años de ir perdiendo el pelo sin darse cuenta o sin darle importancia al tema) para lograr el poder absoluto e instaurar las dictaduras que otros países han sufrido o aún sufren a lo largo de la historia.
¿Y qué fue lo raro, además, en la aprobación de la Ley del Infanticidio? Más que raro, revelador: la misma contó con 179 votos en Diputados. Muchos más de los que ostenta el grupo del Gobierno, o sea aquel al cual podemos atribuirle la cuestión ideológica detrás de la ley. El Infanticidio fue votado por muchísimos supuestos opositores también.
Lo cual nos dice que: a) el problema de las ideologías que conducen al totalitarismo y a la esclavitud de los ciudadanos por parte del Estado, anida en muchos políticos argentinos, lo que nos deja un gran interrogante hacia el futuro y, b) Los totalitarismos también utilizan, para llegar al poder, a los idiotas útiles (frase acuñada por Vladimir I. Ulianov) y, lamentablemente, nuestra escena política está plagada de idiotas útiles.
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